sábado, 23 de agosto de 2014

Su primera rabieta: "Con mami no...me quiero ir con abuelaaa!!!"

    

 Hoy no tenía previsto hacer un nuevo post, de hecho no quiero alargarme mucho, simplemente utilizar mi querido blog como espacio de reflexión ante lo que viví ayer por la noche. Y es que el pasado jueves, a las 20.00h, por primera vez en casi 14 meses, Hugo decidió que quería pasar la noche con su "weli", rechazando así los brazos de su papá y su mamá.

    Todo comienza cuando sus abuelos vienen a casa, como casi todas las tardes, para ver al ratón en "modo baño", "modo cena" e incluso a veces "modo sueño", porque hay días que el pequeñajo está taaan cansado que cae rendido de ipsofacto tras tomarse el bibi.


    Pero esa la noche, Hugo estaba muy espabilado, mas charlatán de lo normal y simpático a rabiar. No estaba por la labor de dormir, y llegado el momento, abuelo y weli se despiden hasta mañana, dándole un cariñoso beso, como todas las noches.

    En ese momento, algo ocurrió que nos dejó a todos perplejos, y yo me quedé con cara de boba ante semejante imagen: Tal como se iban alejando hacia la puerta, el semblante del ratón empezó a cambiar por segundos, la sangre le empezó a subir a la cabeza, y su tez morena se puso roja, luego morada... el entrecejo fruncido, la vena "patiño" se le hincha y.... empieza a llorar desconsoladamente señalando con su dedito regordete hacia su weli (con "jipidos" incluidos, que parten el alma solo de escucharlos).

Evidentemente, era un "no te vayas weli, que me quiero quedar contigo". La abuela tira el bolso al aire y vuelve corriendo a consolar a su ratoncito llorón,y lo coge en brazos para darle un achuchón y tranquilizarlo. Y ahora es cuando llega lo mejor ( o lo peor, según se mire):

Hugo deja de llorar. Mami extiende los brazos hacia Hugo para cogerlo. Hugo se vuelve hacia weli, se agarra fuerte, y empieza a mover la cabeza hacia los lados y a llorar. Eso parece una negación...pero es muy pequeño y nunca ha hecho ese gesto, así que debe ser casualidad....

Vuelvo a extenderle los brazos. Vuelve a negar con la cabeza... así  hasta cuatro intentos por mi parte....y el resultado siempre el mismo.

No puede ser, mi hijo JAMÁS ha rechazado los brazos de su madre....oh, ohhhh....la supermamá que llevo en mi interior empieza a mosquearse. Pero de cara a la galería intento disimular.

"Seguramente será un berrinche porque tendrá sueño y se pone tontorrón. Mejor que lo coja su padre" (digo yo muy segura de mi misma, intentando aguantar el tipo).

Hugo sigue "solapado" a weli, y cualquier intento de despegarlo de ella es un llanto desolador...

La abuela se derrite por los rincones con aquella estampa. El abuelo mira perplejo al nieto y a la abuela.   El papá de la criatura lo ve todo de lo mas enternecedor. La madre pone una forzosa sonrisa y dice "Hay que ver!! Hoy el niño está simpático!!", pero en lo mas profundo de sus entrañas empiezan a aflorar sentimientos encontrados: por un lado, es realmente conmovedor presenciar ese vínculo entre abuela y nieto. Pero...¿ese "desplante" hacia mami??? ¿¿ya no te gustan mis abrazos?? ¿¿son mejor los mimos de abuelita que los de mamá???

Justo en ese momento en el que mi cabeza no para de dar vueltas pensando lo mala madre que soy por tener "pensamientos indecentes", weli dice: "me lo llevo  a casa y duerme con nosotros, así no tenemos que venir a recogerlo temprano, ¿qué te parece?".


Pues no sé qué me parece, la verdad...no sé si me parece bien o mal. Me parece maravilloso que tenga devoción por sus abuelos (doy fé de que quiere con locura a sus cuatro abuelitos, y con las abuelas especialmente tiene una conexión especial), pero me parece muy doloroso que mi hijo no quiera dormir con sus papis, y me hace pensar que mi bebé se hace mayor, y quizás esté perdiendo la conexión que tenía conmigo. O quizás estoy en "modo dramática"...


Finalmente Hugo se va con sus abuelos con una sonrisa de oreja a oreja, señalando hacia el coche. Se salió con la suya, y él lo sabe.

Esa noche me costó conciliar el sueño, dándole vueltas al mismo tema, y notando la ausencia de mi pequeñín.

Al día siguiente, cuando salí del trabajo, me fui directa a recoger al ratoncillo. ¡¡ Me moría de ganas por verlo y abrazarlo!! Pero...¿ y si él seguía igual de "agustito" con sus abuelos y me montaba otro espectáculo como el de anoche?? ¿¿cómo iba a afrontar esa situación?? ¿¿qué es lo que debía hacer?? Realmente, cuando llegué a casa de mis padres, no tenía nada claro. Si vuelve a echar raíces en los brazos de abuela, ya improvisaría...

Cuando entré por la puerta, mi pequeño estaba en la cocina, se volvió hacia mí, y me dedicó una de sus mejores sonrisas, para a su vez lanzarme los brazos para que lo cogiera...¡¡aupaaa Huguete!!! En ese momento me dí cuenta que nuestro vínculo seguía intacto, y que se encontraba igual de feliz conmigo como cada día, y que mis histerismos maternales me habían jugado, una vez mas, una mala pasada.

¿He aprendido alguna lección?? Pues claro que sí. He aprendido que el amor no se reparte ni a partes iguales, ni según cómo andes de ánimos ese día. El amor SE MULTIPLICA, y mi hijo cada día que pasa, quiere mas a las personas que tiene a su alrededor. Y desea disfrutar de ellas. Y su madre hará todo lo posible porque así sea.

Y otra cosa que he aprendido es que supermamá novata debe relajarse un poco y no cuestionar tanto ni las reacciones de su bebé, ni su papel como madre...mejor disfrutar de cada momento con nuestro peque, que el tiempo vuelaaa!!

Y vosotras...¿alguna vez os habeis sentido de forma parecida en alguna situación similar???

Una vez mas, mil gracias por leerme!!

2 comentarios:

  1. Es que este niño a parte de tener una madre y un padre maravilloso tiene también unos abuelos/as estupendos, pues nada Veronica vete acostumbrando a las rabietas vendrán más, un besito

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    1. Pues sí, es una gran suerte la que tengo!! Y en cuanto a las rabietas, pues ya me voy preparando, porque genio tiene un rato...un beso!!

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