domingo, 21 de septiembre de 2014

Reflexiones de una madre imperfecta


Durante el embarazo de Hugo, siempre pensé que sería una de esas madres estupendísimas que vemos en las revistas, en las series de televisión, e incluso en blogs sobre maternidad, las cuales no sólo tienen una relación idílica con sus bebés y sus maridos, sino que son "superfashion" y siempre van hechas un pincel.

 De hecho, leí libros y revistas a puñados, recabé toda la información que pude a través de distintos foros y páginas especializadas en internet, me tragué tropecientas mil charlas sobre maternidad y crianza,...todo para que cuando llegara el momento, fuera una madre "perfecta".

Ahora, un año después, me río de mi misma y me doy cuenta que estaba en los mundos de yupi, y que todo eso que me contaban en revistas, libros, charlas, .... lo pongo en cuarentena. No quiero decir que nos engañen (ni mucho menos...), simplemente "omiten mucha información". Demasiada, para mi gusto. 

Sólo hay una frase en la que todos coinciden y nadie se equivoca: SER MADRE TE CAMBIA LA VIDA. Pues claro, ¡ y tanto que te la cambia !! Nunca jamas volverás a ser la que eras, ni dormirás lo que dormías antes, ni te podrás volver a poner los pantalones  que te ponías antes de estar embarazada, ni podrás estar sentada en la mesa a la hora de almorzar más de 10 minutos, ni podrás volver a hacer otras muchísimas cosas mas.

Imagen extraida de internet

 Y es que esta coletilla a mi por lo menos no me la contaron. Bueno, para ser sincera, sí que me dijeron que ya no volvería a dormir como antes, pero pensaba que mi cuerpo se acostumbraría a dormir un par de horas menos. ¡ En este aspecto sí que fuí muy ilusa ! ¡un par de horas ! Llevo meses y meses sin saber lo que es dormir una noche de un tirón, sin tener que levantarme al menos dos o tres veces (como mínimo) para mecer la cuna, buscar ese chupete que se ha escondido entre las sábanas, calmar la sed de mi ratón con un poco de agua, o simplemente arrullarlo para que se vuelva a dormir.

 En fin, quizás las futuras mamás primerizas escuchamos lo que nos conviene y lo transformamos en nuestra imaginación para darle la vuelta a la tortilla y así la maternidad nos parezca dulce, de color de rosa y con purpurinas y arcoiris allá por donde vamos. Y cuando nos topamos con la realidad, a veces nos llevamos un auténtico chasco. 

Y es que, aunque todas estamos de acuerdo con que la llegada de un hijo es lo mas maravilloso que nos puede suceder en la vida, sí que es verdad que a veces no estamos preparadas para hacer frente a los "daños colaterales".

A unas madres nos cuesta mas adaptarnos y a otras quizás no tanto, pero estoy segura que todas hemos pasado por esos momentos en los que tenemos que asumir que la maternidad no es lo que nos contaron: el cambio es sustancial, porque no sólo implica la crianza de un hijo. sino un cambio drástico en nuestras formas de vida, en nuestra relación de pareja, en nuestro trabajo, en  la visión que tenemos de nosotras mismas como mujeres, como hijas, como madres,...

 Lo que sí es verdad es que, cuando al fin llegamos a ese estado de consciencia, aprendemos a aceptarnos como somos y a disfrutar de todo lo que conlleva la maternidad, con sus pros y sus contras, desarrollamos nuestras funciones en la vida con mayor madurez. Esos "daños colaterales" que durante los primeros meses no sabíamos cómo afrontar, ahora nos enfrentamos a ellos con ese gran "capote" que cada madre nos hemos ido creando con la experiencia de cada día. Y al final, lo que antes era un problema existencial, ahora no deja de ser una pequeña traba del día a día que solventamos sin mayor problema.

Y después de esta reflexión de domingo,  ¿sabeis de qué me he dado cuenta? Que me encanta ser como soy, una MADRE IMPERFECTA.

Gracias por leerme...¡seguimos en modo On!

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