sábado, 18 de octubre de 2014

Esos días malos que tiene la maternidad...


Hoy es uno de esos días de los que menos me gusta desde que soy mamá. Y  tengo mas que comprobado que cada vez que llega este momento, me sumo en la mas profunda de las tristezas, y esta sensación me dura todo el día...

Y ese momento es: El cambio de ropa de temporada.

Así es. Me cambia totalmente el carácter cuando tengo que proceder a abrir cajones y armarios y seleccionar aquellas prendas que se van quedando chiquitinas y meterlas en cajas o bolsas guardarropa, y de las cuales me cuesta la misma vida deshacerme. De hecho, ahí sigo, amontonando cajas que ni por asomo tengo pensamiento de dar a nadie, aún cuando mis allegados me miren con cara de circunstancia, mientras piensan que un día de estos tendré que salirme yo de la casa para dejar sitio a tanta ropa y tantos "cachibaches infantiles" a los que ya no se les volverá a dar uso.


Imagen extraída de internet


Y es que este simple gesto que estoy segura que muchas mamás lo tienen ya mas que normalizado en sus vidas, para mí, a día de hoy, es finalizar una etapa en la vida de mi peque que sé que no se volverá a repetir, y que me deja una sensación agridulce:




 Por un lado, doy gracias a la vida de haberme dado el privilegio de poder disfrutar de esos momentos que sólo te da maternidad, de poder establecer esa conexión tan especial entre madre e hijo, de sentir que se para el mundo cuando estamos juntos, cuando lo acuno entre mis abrazos para dormirlo o porque simplemente se siente tranquilo y feliz así,...

Pero por otro lado me quedo a veces con la sensación de que no he disfrutado esos momentos todo lo que debería, supongo que será porque no he sido totalmente consciente  de lo rápido que pasa el tiempo, y que cada minuto y cada segundo a su lado es oro. Y sobretodo, cada vez que cojo una prenda y la doblo de  la forma mas delicada que sé antes de guardarla en la caja, me inunda la nostalgia recordando los momentos en los que llevaba puesto ese jersey que le hizo abuela con tanto cariño, o esas suaves polainas que tienen un olor especial, ese aroma a bebé que tanto me gusta y que siempre retendré en mi memoria.

Creo que son esos momentos en los que la habitación se llena de cajas empaquetadas y bien precintadas (para que no haya posibilidad de que el tiempo o la humedad hagan mella en esa ropa que guardo con tanto cariño), y el armario se queda casi vacío para dar paso al vestuario de la nueva temporada, en los que tengo mas consciencia de que mi pequeño deja  de ser un bebé, y poco a poco pasa a convertirse en un precioso niño que se muere de ganas de conocer el mundo que le rodea, pero ya desde otra perspectiva que no son las de mis brazos...

Pero como todo en la vida,  estos momentos de tristeza y nostalgia tienen fecha de caducidad. Al día siguiente, cuando ya no quedan cajas ni bolsas guardarropa a la vista, y cuando ya hemos colocado en el armario la ropita que utilizaremos los próximos meses, todo vuelve a la normalidad. ¿¿Y qué es lo normal?? Pues lo normal es despertar con él cada mañana, regalándome una carcajada (mi despertador favorito) y  pensando "hoy será un gran día... ¡vamos a disfrutarlo juntos! ". 

Por lo tanto, aunque a veces me cueste trabajo cerrar etapas, me quedo con el mejor regalo que me da mi Ratón, que es verlo crecer cada día irradiando felicidad allí por donde va.

Ya veremos qué hacemos con tanta ropa guardada en lo alto del armario....

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